Ya son más de un millón de personas que trabajan como repartidores o choferes de aplicación

Este universo laboral comprende a unos 900 mil conductores y 200 mil repartidores vinculados a firmas como Uber, Rappi, PedidosYa, Didi y Cabify. Las aplicaciones funcionan como una válvula de escape frente a la crisis, aunque el esquema traslada los riesgos y los costos a los propios trabajadores. Hay una presencia femenina superior al 30%, junto a una alta fracción de profesionales con estudios superiores.

            La tasa de desempleo del 7,5% que se registró en el cierre de 2025 denota un cambio profundo en el mercado ocupacional argentino que, ante la retracción de vacantes en el sector privado, surge el uso de plataformas digitales de transporte y delivery como principal sustento para miles de familias.

Los datos del sector indican que la actividad ya involucra a más de un millón de personas en todo el país. Este universo laboral se compone de aproximadamente 900 mil conductores y 200 mil repartidores vinculados a firmas como Uber, Rappi, PedidosYa, Didi y Cabify.

La secretaria adjunta del Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación (SiTraRepA), Belén D’Ambrosio, advirtió que el crecimiento es “exponencial” y está directamente vinculado con la pérdida de empleo formal y la necesidad de sumar ingresos.

Compañías como Cabify y Rappi confirmaron que su nómina de usuarios activos aumentó hasta un 38 % durante el último año.

La dinámica del servicio exige jornadas laborales de alta intensidad para alcanzar un piso de rentabilidad. “Trabajamos entre 10 y 12 horas diarias, seis días por semana, con ingresos cercanos a $1,3 millones”, explicó D’Ambrosio.

Un informe complementario señala que un repartidor requiere finalizar 454 pedidos mensuales para solventar el costo de vida básico.

El perfil de los choferes muestra una tendencia marcada hacia el pluriempleo, con un 60 % de trabajadores que posee otra ocupación en paralelo. La media de edad se sitúa en los 36 años y destaca una presencia femenina superior al 30 %, junto a una alta proporción de profesionales con estudios superiores.

El auge de este modelo expone una tensión estructural entre la flexibilidad de horarios y la falta de protección social. 

Las aplicaciones funcionan como una válvula de escape frente a la crisis, aunque el esquema traslada los riesgos y los costos de mantenimiento de los vehículos a los propios trabajadores. Para las motos en particular, es necesario contar con un seguro especial para comercialización y/o delivery, porque sin esa póliza las compañías se desentienden de la cobertura en caso de robo. (VW)

 

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