Cuatro de cada diez trabajadores son informales: “Tener un puesto de trabajo en Argentina no es un reaseguro para vivir fuera de la pobreza”

 La informalidad supera el 43% y empuja a la pobreza. Un informe de la UBA indicó que la informalidad es un problema estructural del mercado laboral argentino. Los trabajadores informales en promedio, ganan alrededor de un 44% menos que los trabajadores formales con características similares.

   Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), mostró que en el segundo trimestre de 2025 la tasa de empleo informal llegó al 43,2%, lo cual implica que más de cuatro de cada diez trabajadores se desempeñan sin acceso a derechos laborales, ni cobertura de la seguridad social.

El dato no sólo reflejó la magnitud del fenómeno, sino también su involución reciente, ya que en comparación con el mismo período de 2024, la informalidad aumentó 1,6 puntos porcentuales, consolidando una tendencia levemente ascendente en los últimos meses.

La serie muestra que, tras cierta estabilidad durante 2024, el indicador volvió a crecer en 2025. En el segundo trimestre del año pasado la tasa era del 41,6%, luego subió al 42,6% en el tercer trimestre, se mantuvo en torno al 42% hacia fines de ese año y comienzos de 2025, y finalmente escaló al 43,2% en el último dato disponible. Este recorrido evidencia un mercado laboral que no logra recuperarse en términos de calidad del empleo, aun cuando pueda registrar mejoras en otros indicadores.

Más allá de estas variaciones coyunturales, el informe subrayó que la informalidad es un problema estructural del mercado laboral argentino. En el caso de los trabajadores asalariados -uno de los principales segmentos del empleo- la tasa alcanzó el 37,7%, uno de los valores más altos de los últimos 17 años, solo superado levemente en 2022. En términos históricos, el nivel actual es similar al registrado en 2008, lo que refleja la persistencia del fenómeno a lo largo del tiempo.

Desde una perspectiva de largo plazo, los investigadores destacan que, con excepción de algunos períodos puntuales -y dejando de lado las distorsiones generadas durante la pandemia-, la informalidad se ha mantenido en valores elevados desde 2003, sin lograr una reducción sostenida.

Brechas regionales

El informe también mostró que la informalidad presenta fuertes diferencias según la región.

Las menores tasas se registran en el Gran Buenos Aires, la región pampeana y la Patagonia, donde los niveles pueden ubicarse hasta 17 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional.

En contraste, las regiones del Noroeste (NOA), Noreste (NEA) y Cuyo presentan los valores más elevados, con tasas que superan el 48%.

Las diferencias se profundizan al analizar casos puntuales. Entre los aglomerados con mayor informalidad se destacan Gran Tucumán–Tafí Viejo, con niveles cercanos al 60%, y Gran San Juan, con más del 56%. En el otro extremo aparecen ciudades como Ushuaia–Río Grande (17,9%)Neuquén–Plottier (22,9%) y la Ciudad de Buenos Aires (24,2%), con tasas considerablemente más bajas.

Salarios más bajos

El impacto de la informalidad no se limita a la falta de derechos laborales. El informe señaló que los trabajadores informales sufren una fuerte penalidad salarial: en promedio, ganan alrededor de un 44% menos que los trabajadores formales con características similares. Esta brecha se traduce en mayores niveles de vulnerabilidad social.

A modo de ejemplo, el informe cita el caso del ingreso mensual promedio de un hombre de entre 25 y 44 años de edad, con secundario completo o universitario incompleto, con un empleo formal en el sector Comercio y en una empresa de tamaño medio: $ 1,16 millones en el primer trimestre de 2025. En promedio, ese ingreso se reducía a $ 587 mil en el caso de los trabajadores informales con esos mismos atributos y trabajando en ese sector de actividad. Es decir, una brecha de 49%.

Además, la relación entre informalidad y pobreza es directa. Mientras que cerca del 24% de los trabajadores en general vive en hogares pobres, esa proporción asciende al 42% entre quienes tienen empleos informales. Además, una parte significativa de estos trabajadores percibe ingresos por debajo de la línea de pobreza individual, lo que refuerza la idea de que tener empleo ya no garantiza salir de esa situación.

En su conclusión, el informe lamenta que “tener un puesto de trabajo en Argentina no es un reaseguro para vivir fuera de la pobreza”. (VW)

 

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